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Palacio de Seteais

Sintra - Sintra

Información

Entrada sin colas al Palacio da Pena y al parque

Es en la actualidad uno de los más famosos y elegantes hoteles de Portugal. Su historia remonta al siglo XVIII, cuando fué mandado construir por Daniel Gildemeester, en la altura Cónsul de Holanda en Portugal.

Al final del mismo siglo, el palacio lo habían vendido al quinto marqués de Marialva, el que tenía a su cargo el gobierno de las caballerizas del Reino, que añadió un nuevo edificio a la obra original y unió los dos nucleos por un arco.

El Palacio de «Seteais» está situado a 1 km. del centro histórico. Una vez que en el edificio principal funciona ahora un hotel, el acceso al público en general está limitado. Sin embargo, el exterior y parte de los jardines pueden ser visitados.

Leyenda:

«Seteais» está inevitablemente unido a muchas leyendas que aún hoy forman parte de la mística local. Una de ellas cuenta que uno de los primeros caballeros cristianos que subió la sierra de Sintra fue D. Mendo de Paiva y que, al llegar allí, encontró una puerta secreta por donde huían los moros.

Entre los moros que huían estaba una doncella muy bonita, acompañada de su aya. Al verse descubierta, la joven soltó un «Ai!» asustado, que dejó al aya muy preocupada. El caballero resolvió capturarla como prisionera y la doncella volvió a suspirar. El aya desesperada, informó entonces al caballero que la joven había sido hechizada por una bruja y que moriría en el día que dijera siete «Ais!».

Pero D. Mendo no se creyó nada de la historia, lo que hizo con que la doncella volviese a exclamar: «Ai!». El caballero decidió entonces capturar a las dos y la mora volvió a suspirar. La pobre viejecita desesperada poruqe su ama ya había suspirado cinco veces. Aún sin creer en nada, el caballero se apartó para buscar un lugar para guardar a las prisioneras.

En esto surgió un grupo de moros para robar a las dos mujeres. Con un solo golpe, cortaron la cabeza de la vieja aya. La doncella lloró: «Ai!». Fué el sexto. El séptimo fué en el segundo anterior a que el cuchillo traspasara su propio pescuezo. Cuando D.Mendo volvió, la mora estaba muerta. Inconsolable, el caballero dió a aquel rincón de Sintra el nombre de «Seteais», en honra a la bella mora.

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