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"Em toda a terra portuguesa, em toda a terra da Europa, Sintra surge como um dos mais belos e raros lugares que a invenção prodigiosa da natureza logrou criar", escribió el poeta Afonso Lopes Vieira. «Cintra» es, sin duda, uno de los paraísos de Portugal, habiendo sido declarado por la UNESCO, en 1995, Patrimonio Mundial en el ámbito de la categoría Paisaje Cultural.
Su nombre deriva de la palabra cynthia, símbolo de la luna en la mitologia céltica. Los romanos le llamaban Mons Lunae, el monte de la luna, y allí se realizaban sacrificios en su honra, Esa carga mística, ese estigma con contornos casi sobrenaturales se mantienen hasta la actualidad.
«Cintra» es anualmente visitada por muchos turistas atraídos por las bellezas naturales, por los monumentos y por la historia del pueblo y, al mismo tiempo, para aprovechar las diferentes playas de los alrededores.
Envuelta en una neblina característica, es en la Sierra de Sintra que podemos encontrar el Castillo de los «Mouros», construido durante el período de dominación árabe, el Palacio de la Pena, el Convento de los «Capuchos», el Palacio Nacional de Sintra y el Palacio y jardines exóticos de Montserrat.
En sus tres Palacios Nacionales -«Vila», «Pena» y «Queluz» - y en la serie de Museos Municipales, se admira un importante expolio histórico - artístico.
Desde tiempos remotos, que la atmósfera poética y romántica de «Sintra» atrae numerosos artistas humanistas. Su prestigio quedo registrado en las fincas de recreo alrededor del pueblo y en los ideales románticos que se traducen en la remodelación o construcción de fincas y palacetes.
En la segunda mitad del siglo XIX, Sintra adquirió un estatuto de villa burguesa esencialmente consagrada al placer y al ocio, construyéndose, entonces, varios hoteles y pensiones inmortalizadas a través de la pena de afamados escritores de la época. Simultáneamente, en su periferia se instala gente de grandes recursos económicos, trayendo novedades arquitectónicas, sobretodo en la moda de los revivalismos y del eclecticismo, que influenciaron la arquitectura vernácula. Entre las novedades, se destacan los chalets, que inclusive se levantaron en espacio urbano.
Construida en una zona de mayor declive, en la colina de la Sierra, la "Vila Velha" se sitúa entre el Palacio Nacional, antiguo Pazo Real, y la propia Sierra.
En el núcleo más antiguo del centro histórico, de asentamiento medieval, se multiplican las amplias propiedades, asiladas por la arboleda y por muros cubiertos de musgo y helechos, que la sombra y el clima húmedo favorecen. Esta vegetación forma parte integrante de la imagen y de la especificidad del centro histórico de Sintra.
Los carruajes conducidos por caballos, que circulan entre la Villa y la sierra, son una óptima forma de conocer Sintra, entre la frondosa arboleda, al «glorioso paraíso», en las palabras de Lord Byron. Las salidas y llegadas se realizan en la plaza frente al Palacio de la Villa.
Las playas que se destacan en un radio de 8 a 20 km. son: la playa de «Samarra», la playa de «Adraga», la playa de «Maças», la playa de «Azenhas do Mar», la playa de «Magoito», la playa de «Aguda» y la conocida playa «Grande».
Sintra se enorgullece de sus especialidades gastronómicas como los pasteles regionales "travesseiros" el cabrito asado, las famosas «queijadas de Sintra», los pasteles de la «Pena», las nueces de «Calamares» y los «Fôfos de Belas». Además del vino de la región demarcada de «Colares» (Bodega Regional de «Colares»).

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