Vila Flor

Vila Flor

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Vila Flor, un lugar con historia secular y un pasado vasto y rico, está situada a más de 500 metros de altitud, extendiéndose por un área de cerca de 32 Km2. De la belleza natural de la parroquia, destacan los viñedos y olivares, así como los terrenos peñascosos salpicados por pequeños ramos de retamas, brezos y cantuesos.
Cuenta la leyenda que D. Dinis, durante el camino hacia la frontera de Miranda (donde se reunía con su amada, Isabel de Aragón), encontró aquel lugar tan bello y florido que, a modo de trovador, le llamó “FLOR”. Se desconoce cualquier documento anterior al siglo XIII que hable de la existencia de este poblado, pero hay quien dice que a su fundación se remonta al siglo XI, tras el declive de las invasiones moriscas y al inicio de la política real de repoblamiento del territorio.
El nombre de Vila Flor aparece, por primera vez, referenciado en el fuero del 24 de Agosto de 1286, otorgado por el Rey Poeta, que mandó erguir a su alrededor un cinturón de murallas, con cinco puertas en arco, restando actualmente apenas una - la Puerta Sur o Arco de D. Dinis. Fue entonces cuando el nombre de esta villa pasó de “Póvoa de Além Sabor” a “Vila Flor”. 
El patrimonio edificado y los paisajes de gran belleza hacen que la parroquia de Vila Flor ofrezca diversos puntos de interés dignos de visitar. Es el caso de la famosa Fuente Romana, del siglo XVI, con cuatro pilares y seis columnas jónicas que soportan una cúpula de ladrillo. 
La “Rua Nova” es una de las calles más antiguas de Vila Flor, situada en las inmediaciones del Arco de D. Dinis. Durante una época fue habitada por los judíos, donde desenvolvían sus negocios. Cerca de la “Rua Nova”, se encuentra la “Rua do Saco”, donde pueden verse algunas casas tradicionales. Ambas fueron restauradas recientemente, a nivel de iluminación y pavimento. 
El “Solar dos Aguillares”, un ejemplar único de alojamiento señorial de los primeros donatarios de Vila Flor, del siglo XII/XIV, hoy en día es el Museo Municipal, donde se exhiben las colecciones de pintura, de arqueología e etnografía, artesanía africana, arte sacra, numismática y medallística de Raul Sá Correia.
La iglesia Matriz, dedicada a S. Bartolomeu, fue edificada en sustitución de una anterior, que en 1708 fue demolida. Es esencialmente barroca, siendo os altares laterales en talla dorada del  siglo XVII, traídos da Falperra, en Braga. Posee una obra de Manuel de Moura, pintor vilaflorense de siglo XIX. En su interior sobresale la Capilla de la Señora de la Piedad, donde están sepultados los Condes de Sampaio - donatarios de Vila Flor después de D. João I – con el respectivo escudo. Existen, además, piezas de valor incalculable, algunas de ellas expuestas en el Vaticano. Con "una fachada muy elegante bien ornamentada", la iglesia es, en su conjunto, "una de las más suntuosas del distrito". 
La Iglesia de la Misericordia se sitúa en el Largo do Rossio. En el lugar donde está ahora esta iglesia podría haber existido, casi desde la época de la fundación de la villa, una capilla. 
En el Largo do Rossio, también se pueden ver algunos solares blasonados, la Iglesia de la Misericordia y el pozo del centro de la plaza, que data de 1861 y que, después de algunos años “escondido”, fue recolocado en 1999, dado que el espacio sufrió obras de remodelación. 
La casa de la familia de Raúl Sá Correia, está considerada el mejor solar del ayuntamiento de Vila Flor y uno de los más bellos del distrito. Es una joya arquitectónica del s. XVIII, que embellece todo el núcleo histórico. 
El edificio de la Cámara Municipal, construido hacia 1940, se sitúa en la Av. Marechal Carmona, avenida principal de la villa. En este local se puede ver el Centro Cultural y diversas terrazas, un lugar donde muchos vilaflorenses pasean, especialmente en las agradables noches de verano. 
Destaca la Capilla de S. Lorenzo, erguida en la aldea del Arco, y la Capilla de Santa Lucía que ya fue mezquita árabe.
En el campo paisajístico cabe destacar el Monte de Nuestra Señora de la Lapa, desde el cual se obtiene una sorprendente panorámica. Un parque de meriendas, una buena iluminación y un parque infantil, lo convierten en un lugar digno de visita. 
En cuanto a la cultura, el Centro Cultural de Vila Flor acoge actividades muy diversificadas a lo largo del año.

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